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Báltico

Un crucero por el Báltico
 
Esta forma de viajar se ha convertido en un auténtico destino vacacional como tal. Nada de mover maletas de un sitio a otro. Disfruta de conectar ciudades separadas entre sí con comodidad, auténticos hoteles flotantes con todas las comodidades y ventajas. En esta entrada del blog, zarpamos por el Báltico.

Un mercado que ha cambiado mucho en los últimos años. Ha pasado de ser el rey de la tercera edad de clase pudiente a una alternativa muy completa y asequible para distintos públicos. ¿Viajas en familia? Bienvenido. ¿Vas en pareja? Perfecto para vosotros. ¿Viajas solo? Ideal para conocer gente y divertirte. La edad media del crucerista ha bajado desde lo 70 años hasta un rango situado entre los 35 y los 50. Aunque hay quien cree que se puede marear, también es cierto que es una forma muy fácil y cómoda de viajar. Y no, no marea.

HELSINKI
Facturar la maleta y deshacerte de ella hasta la llegada al camarote, no tiene precio. Así, como por arte de magia, cóctel de bienvenida en mano. Una ruta por el primer puerto de la travesía deja ver maravillas como el barrio Otaniemi, la ciudad universitaria, la plaza del Senado, el monumento a Sibelius o la catedral ortodoxa de Uspenski. Otra gran obra arquitectónica de la zona es la iglesia de Temppeliaukio, una iglesia de planta circular excavada en la roca con una acústica espectacular. La estación de ferrocarriles es un edificio bastante llamativo, considerada una de las estaciones de tren más bellas del mundo.  

 

La catedral luterana, en pleno centro de la ciudad, fue construida como homenaje al Gran Duque Nicolás I, quien fue zar de Rusia. Su escalinata, su arquitectura y su aspecto presidencial es uno de los iconos de la ciudad. En los alrededores de la catedral puedes pasear por jardines, por la calle más comercial de la capital donde encontrarás todo tipo de marcas para todos los bolsillos y tomar algo en las terrazas de los bares y restaurantes si vas en época de calor.

SAN PETERSBURGO
Es imposible ver esta ciudad al completo en dos jornadas, es impresionante y su arquitectura es ilimitada. Es la parte mala de los cruceros, que siempre hay prisa y horarios muy estrictos que cumplir. No obstante, San Petersburgo es sin duda una de las paradas estrella, aprovecha bien el tiempo. Pasear por la Avenida Nevski, un paseo en barquito por el río Nevá, el Palacio de Santa Catalina.

Atención a dos cosas que no te puedes perder en tus visitas. La primera, descubrir el estilo neorruso de la iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada: te dejará sin palabras. La segunda, el museo del Hermitage, que también te dejará atónito por sus colecciones, su magnificencia, su composición y el tesoro que alberga en su interior.   

 

TALLIN
El estilo medieval en estado puro. Es como meterse en un cuento: fortalezas amuralladas, torreones, callejuelas adoquinadas con un trazado rocambolesco. Los tonos de las calles, las fachadas, te transmitirán una mirada al pasado europeo. Una ciudad realmente cómoda para pasear y tomar algo, para visitar a pie sus principales monumentos. La colina de Toompea y el barrio de Vanalinn, que reúnen un auténtico catálogo monumental.

ESTOCOLMO
Una ciudad construida sobre 14 islas principales y multitud de islotes, un auténtico laberinto de agua y tierra. Dispone de 57 puentes que ayudan a desentramarla. Su red de metro está considerada una galería de arte contemporánea de Suecia. Sin duda es la ciudad de los museos: el Vasa Museet, donde se expone un buque de guerra que da nombre al museo, y muy cerca, el Museo Abba donde podrás cantar virtualmente con los componentes del grupo.

Toda visita a esta ciudad debería empezar por el barrio de Gamla Stan, donde se fundó la ciudad en el siglo XIII, un casco histórico de los mejores conservados de Europa. En Stortorget, la plaza antigua, verás las casitas típicas de colores y el callejón más estrecho del país, de 90 centímetros de ancho.

Lo peor de los cruceros es tener que bajarse de ellos para volver a casa, pero nos quedamos con lo bueno que nos ha dejado el legado histórico del Báltico.

 
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