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Múnich

48 horas en Múnich
 
Esta ciudad necesita más de dos días para ser vista como merece, que quede claro. Lo que aquí proponemos es un viaje de fin de semana que te ayude a desconectar de la rutina diaria. Descanso mental, evasión y un extra de felicidad en mitad de grandes monumentos, buena gastronomía y  mucha historia.

Para un viaje exprés, Múnich es la ciudad ideal. Combina accesibilidad con historia y modernidad. Es grande, pero muy cómoda para dar paseos. Es clásica, típica centroeuropea, pero tiene la magia de un cuento de hagas. Aunque nadie duda de la importancia de su fiesta de cerveza, este enclave alemán es muchísimo más que eso. ¿Preparado?

La forma más cómoda de llegar a este destino es el avión. El aeropuerto, que es de tamaño mediano, resulta muy cómodo para el turista. Una vez que hayas desembarcado coge un taxi para acercarte a la ciudad. Durante el trayecto descubrirás dos cosas. La primera de ellas es que los taxistas alemanes conducen bastante rápido y con gran agilidad en sus maniobras. La segunda, el Arena Stadium, uno de los monumentos más importantes de la ciudad (si solo dispone de 48 horas es mejor centrarse en otros puntos. No obstante, es un sitio de interés de turístico).

DÍA 1
Nada más llegar a la ciudad recomendamos pasear por la Marienplatz, la plaza central de Múnich. Quizá lo más llamativo sea el ayuntamiento, de origen gótico, con una fachada llena de emblemas y figuras propias de la historia bávara de la ciudad. La plaza es pura magia. Todas las calles de alrededor permiten ir de compras, disfrutar de la gastronomía alemana y visitar librerías con encanto o ver iglesias muy atractivas. Como sugerencia para llenar el estómago te recomendamos una de las cervecerías más visitadas, la Augustinerbrau, fundada en el s. XIV por monjes agustinos.

 

A pocos metros de la plaza se encuentra la iglesia de Frauenkirche, con dos emblemáticas torres con cúpula. Si durante su estancia se encuentra en restauración es posible que solo pueda visitar una de sus torres. No obstante, simplemente con observarla desde fuera ya es suficiente para disfrutar de su arquitectura. Siempre podrá degustar un buen café caliente o unas ricas castañas compradas en la calle a los pies de esta obra maestra.

La iglesia de San Pedro también se encuentra cerca de la plaza central. Ofrece unas vistas muy buenas de Múnich desde su torre de 56 metros de altura. Para ello, hay una subida un poco estrecha que puede provocar algo de angustia, pero no te preocupes, es solo al principio, la escalera se ensancha muy pronto y no hay más problema. Ya que estamos con las iglesias, te recomendamos también la de San Miguel, con su gran bóveda de cañón de la nave.

Una parada imprescindible es hotel Kempinski, al menos para tomar un café de media tarde. Se encuentra situado en la conocida como “la calle más bonita del mundo”, la Maximilian, donde, entre otras cosas, se encuentran las firmas de moda más importantes del mundo. Al final de esta calle, el Parlamento Bávaro pone un punto de seriedad y solemnidad a la atracción de las compras.

Para terminar el primer día, visita el Palacio Schloss Nymphenburg o haz una pequeña excursión hacia el Parque Olímpico, donde se encuentra la imponente antena de televisión Berliner Fernsehturm.

 

DÍA 2
Una recomendación, aunque muy dura, es visitar el campo de concentración de Dachau. No entramos en más detalles porque es escabroso, pero forma parte de nuestra historia y quizá resulte de tu interés. Si crees que esta visita es demasiado dura, te ofrecemos como alternativa ver las tres puertas de la ciudad de Múnich: Karistor, Isartor y Sendllingertor.

Encuentra media hora para visitar Odeonplatz y Viktualienmarket, el mercado de compras de Múnich (cierra a las 18, por cierto). Por otra parte, la oferta de museos es indiscutible: el Alte Pinakothek, donde encontrará pinturas flamencas, alemanas, francesas, italianas y españolas. O el museo BMW, para los adictos al motor. O el museo de la ciencia y la tecnología Deutsches Museum, con fama de ser el más grande del mundo de su género.

Termina el día tomando algo en el restaurante Hobrauhaus, en compañía de una magnífica cerveza.

Y con las pilas cargadas, feliz vuelta a casa. ¡Seguro que al día siguiente no te importará ir a trabajar!     

 
 
 
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